Hay momentos en la historia que nos obligan a replantearnos todo. Situaciones que ponen a prueba nuestras convicciones, nuestras estructuras y nuestra capacidad de adaptarnos.
Para el mundo de la educación, uno de esos momentos llegó con la pandemia. Aulas vacías, docentes desconcertados, estudiantes aislados… y un futuro incierto que exigía respuestas rápidas.
En medio de ese desalentador contexto, surgieron líderes capaces de ver más allá del caos.
Personas que, en lugar de rendirse ante la incertidumbre, decidieron transformarla en una oportunidad para innovar y construir una educación más resiliente.
Una de ellas es Margarita Araque, experta en liderazgo educativo y transformación digital, con una trayectoria dedicada a acompañar instituciones y docentes en el proceso de integrar la tecnología de manera significativa.
Cuando tuvimos el placer de entrevistarla en el Podcast de Smowltech, Margarita compartió una interesante reflexión: “Las crisis no destruyen, revelan. Revelan lo que somos capaces de hacer cuando no nos queda más opción que avanzar.”
A partir de esa idea, conversamos sobre cómo superar el miedo al cambio, fomentar una mentalidad de innovación y convertir los retos en oportunidades para crecer, tanto a nivel personal como institucional.
De las lenguas extranjeras al liderazgo educativo
Margarita recuerda con claridad cómo desde muy joven sintió una vocación clara por la educación.
Su camino comenzó con una licenciatura en Lenguas Extranjeras, pero pronto comprendió que su misión no era sólo formar a estudiantes, sino también acompañar a los docentes en su desarrollo profesional. “Los profesores son los verdaderos líderes naturales de la educación”, afirma.
Con el tiempo, ese interés se amplió hacia los líderes educativos, aquellos capaces de promover cambios significativos en las instituciones.
“Siempre he tenido una fuerte conexión con la tecnología; desde la universidad participé en proyectos de investigación que integraban herramientas tecnológicas en los procesos educativos. Esa combinación entre desarrollo humano y tecnología se convirtió en el eje central de mi carrera”, explica.
La tecnología como catalizador del cambio
Cuando se le pregunta sobre la implementación de la tecnología en la educación, Margarita comparte una experiencia que marcó su trayectoria.
Antes de ser docente, trabajó en una empresa que desarrollaba software para cursos e-learning, en un momento en que pocos comprendían cómo funcionaba esta modalidad. “Al principio fue complicado: muchos docentes con una visión tradicional no entendían cómo enseñar sin estar frente a sus alumnos”.
Pero poco a poco vimos los resultados: los estudiantes se sentían más conectados, disfrutaban de los nuevos recursos y la tecnología se convirtió en un complemento ideal para las clases presenciales”.
Esta experiencia cimentó su convicción: la tecnología puede transformar la enseñanza y la gestión educativa, siempre que se integre de manera consciente y centrada en las personas.
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Convertir la incertidumbre en oportunidad
La pandemia evidenció la necesidad de adaptarse rápidamente. Margarita subraya que el primer paso para enfrentar la incertidumbre es confiar en uno mismo y en la institución. “Durante la pandemia vivimos un cambio repentino y muy fuerte.
Algunas universidades ya tenían experiencia en educación virtual, pero la mayoría no, y el miedo al cambio fue enorme. Ese miedo nace del desconocimiento: no saber cuáles son nuestras fortalezas ni qué herramientas tenemos”, comenta.
Para ella, la clave está en el mindset. “Hay que romper la idea de que todo tiene que salir bien. Innovar implica explorar, probar y aceptar que no sabemos exactamente qué pasará. Esa disposición a experimentar es fundamental, aunque a veces sea difícil de asumir para los líderes educativos”.
Liderazgo educativo en tiempos de transformación
Margarita insiste en que los líderes educativos tienen un papel determinante en la transformación.
“Primero, deben tener un mindset adecuado. Después, hacer un análisis honesto de la situación actual: entender dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Muchas instituciones hablan de innovación, pero si la innovación se queda solo en la intención y no en una meta concreta, no hay transformación real. Se necesitan objetivos claros que permitan trazar una ruta hacia ese futuro deseado”.
Además, resalta la importancia de contar con líderes internos capaces de hacer de puente entre lo pedagógico y lo tecnológico, y de evaluar las propuestas externas para asegurarse de que respondan a las necesidades reales de la institución. “Son los proveedores quienes deben adaptarse a la institución, no al revés”, afirma.

La tecnología: un bastón, no el centro
Un concepto que Margarita repite es el de la tecnología como bastón: un apoyo que permite avanzar, pero sin desplazar el enfoque humano.
“He visto innovaciones maravillosas en zonas rurales de Colombia, donde la tecnología es un lujo, y sin embargo, los cambios más significativos vienen de transformaciones humanas: cambiar la perspectiva, entender cómo y cuándo hacer las cosas de manera distinta. La tecnología es importante, pero hay que usarla con propósito: entender para qué y cómo puede ser más efectiva para cada institución”.
Para ilustrarlo, comparte dos experiencias que la marcaron profundamente. La primera fue el diseño de un programa universitario 100% virtual, listo justo antes de la pandemia y que resultó un éxito inmediato.
La segunda tuvo lugar en zonas rurales del Chocó, donde la única herramienta disponible era WhatsApp. Allí lograron mantener el aprendizaje durante un año completo solo con mensajes, audios, videos y guías impresas.
“Eso demuestra que la tecnología puede ser muy simple o muy sofisticada, pero lo esencial siempre son las personas”, reflexiona.
Resiliencia y acompañamiento
La tecnología también permite aumentar la resiliencia de las instituciones. Según Margarita, facilita probar, recoger datos y ajustar rápidamente, lo que reduce el miedo al fracaso. Además, permite acompañar a los estudiantes sin importar dónde se encuentren, llevando la educación a las casas y comunidades y generando confianza en tiempos de cambio.
Futuro: inteligencia artificial y educación
Mirando hacia el futuro, Margarita identifica a la inteligencia artificial como una de las tendencias más disruptivas. “La IA puede beneficiar a todos los actores educativos —líderes, docentes, estudiantes, administrativos—, pero debemos asegurarnos de formar a las personas para usarla correctamente”.
Trabaja con el Instituto KICC, de Singapur y Corea del Sur, que ha desarrollado un marco de competencias de inteligencia digital para niños y jóvenes.
“No se trata solo de manejar herramientas, sino de formar ciudadanos digitales empáticos, éticos y conscientes. Si la tecnología nos acelera pero no nos hace mejores personas, los resultados serán limitados”, advierte.

Humanizando la tecnología
Para Margarita, la educación digital debe ir de la mano de la humanización de la tecnología. Enseñar bienestar digital —autocontrol, autogestión y equilibrio— es clave para que los jóvenes aprovechen las herramientas sin que éstas distorsionen su realidad.
“En Colombia, por ejemplo, el promedio de tiempo frente a pantallas supera las ocho horas diarias. Necesitamos enseñar a usar la tecnología para desarrollarnos como seres humanos, no para distorsionar nuestra vida”, explica.
Las nuevas generaciones y el equilibrio digital
Observa con optimismo a los jóvenes: son creativos, globales y preocupados por el medio ambiente, pero también enfrentan presiones por la imagen en redes sociales y problemas emocionales derivados de la falta de interacción presencial.
Por ello, Margarita enfatiza la necesidad de equilibrio entre lo digital y lo humano.
Consejos para educadores
Su consejo para los educadores es claro: mantener una mentalidad abierta y flexible, mirar hacia dentro de la institución para comprender sus necesidades y hacia fuera para anticipar las habilidades que requerirán los profesionales del futuro. “La educación debe preparar a los jóvenes no solo para aprobar exámenes, sino para resolver problemas reales y transformar la sociedad”, subraya.
Educación del futuro: ubicua y transformadora
Margarita sueña con una educación ubicua que trascienda aulas y horarios, fomentando el aprendizaje a lo largo de toda la vida. “La tecnología tendrá un papel fundamental, permitiendo que todos seamos aprendices permanentes. Aprender, desaprender y adaptarse continuamente será clave para prosperar en tiempos de incertidumbre”.
Conclusión
La experiencia de Margarita muestra que, en educación, la transformación no depende únicamente de la tecnología, sino de las personas que la usan con propósito y conciencia. Líderes, docentes y estudiantes comprometidos con el aprendizaje y la innovación son capaces de convertir la incertidumbre en oportunidad, generar resiliencia y construir instituciones educativas más fuertes y humanas.
En Smowltech creemos que el futuro de la educación pasa por integrar tecnología de manera ética y centrada en las personas, acompañando a estudiantes y líderes en cada paso del camino. Por ello apostamos por el proctoring. Como nos recuerda Margarita, la innovación verdadera comienza con un cambio de mentalidad y con el compromiso de poner a las personas en el centro de cada decisión.





